Un día almorzaba con una nueva amiga de Al‑Anon y ella me preguntó: «¿Quién te trajo a Al‑Anon?». Respondí en cuestión de segundos que yo misma me había traído al programa. He aprendido que ni el alcoholismo ni ninguna otra persona provocaron mis acciones, reacciones o respuestas ante las personas, los lugares y las cosas en mi vida.

Cuando llegué a Al‑Anon, como muchos de nosotros, lo hice por el problema con la bebida de otra persona. Ingenuamente pensé que, si tan solo la otra persona dejara de beber, yo estaría bien y mis problemas se acabarían. Esa forma de pensar me llevó a dejar Al‑Anon después de solo un par de años. Mi matrimonio había terminado y, pensé que mi problema también.

Al principio, el haber dejado de vivir con el alcoholismo activo alivió algunos de mis problemas, pero aún no me había dado cuenta del impacto que el alcoholismo multigeneracional había tenido en mi vida. Mis perspectivas sobre las situaciones, mi reacción ante estas, así como mis sentimientos y pensamientos, estaban distorsionados por haber crecido en un entorno de alcoholismo.

Años después, regresé a Al‑Anon por una razón diferente: para salvarme a mí misma. Ahora trabajo este programa lo mejor que puedo cada día, y camino este sendero con la ayuda de un Poder Superior amoroso y una Madrina que me guía a través de las situaciones difíciles que la vida me sigue presentando.

Soy una miembro muy agradecida de esta hermandad mundial, y merezco estar aquí porque aquí encontré mi lugar.

Por Monique R.

The Forum, marzo de 2026

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