"Los Doce Pasos y las Doce Tradiciones de Al-Anon"

 

SEGUNDO PASO

Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio.

Dar el Primer Paso nos puso cara a cara con la verdad. No teníamos la capacidad de cambiar a ningún ser humano. Necesitábamos algo más que nuestra experiencia e inteligencia humana para resolver los problemas de la vida; fundamentalmente la convivencia con un alcohólico, ya sea que éste estuviera bebiendo o no.

El Segundo Paso nos indica que ya no estábamos solos con esos problemas cuando “llegamos a creer” que la ayuda estaba a nuestro alcance. Las palabras “llegamos a creer” significaban un despertar paulatino a la realidad de un Poder Superior en nuestras vidas. Este Paso nos trajo un rayo de esperanza a medida que tímidamente íbamos estableciendo una relación práctica con un “Poder superior a nosotros”. Empezamos entonces a percibir que este Poder estaba listo para ayudarnos siempre que estuviésemos dispuestos a aceptar su orientación.

¿Qué podía hacer este Poder por nosotros? “Podía devolvernos el sano juicio.” Esto podría sorprender a aquellos que siempre habíamos imaginado que solamente el alcohólico necesitaba ser devuelto a su sano juicio. Negábamos categóricamente la mera idea de no estar en nuestro sano juicio. Ya  fuésemos cónyuges, padres, hijos  o amigos del alcohólico, muchos de nosotros llegamos a Al‑Anon convencidos de que toda la falta de juicio era exclusivamente atribuible al alcohólico. Nos desilusionaba comprobar que nosotros también teníamos que cambiar. El programa de Al‑Anon está enfocado en nosotros, los amigos y los familiares que tan arduamente habíamos tratado de buscarle algún sentido a lo que es vivir o haber vivido con un alcohólico.

Admitir que éramos irracionales puede haber requerido más humildad de la que teníamos. Pero cuando finalmente nos enfrentamos al hecho de que éramos nosotros quienes teníamos que cambiar o si no vivir en una continua confusión e infelicidad, vimos que nos era más fácil aceptar que la humildad era un instrumento vital para lograr la ayuda sanadora que necesitábamos. Este Paso prefigura la amplitud del alcance espiritual del programa de Al‑Anon.

Cuando nos examinábamos minuciosamente y recordábamos lo que fuimos capaces de decir o hacer en diversas situaciones, descubríamos que a menudo nuestro comportamiento estaba distorsionado por la ira, la frustración y el miedo. Esa es la razón por la cual muchos de nosotros reaccionábamos ante el alcohólico de modo irracional e histérico. Es decir, nuestras acciones carecían de todo juicio. Quizá era muy natural para nosotros pensar de manera tal que justificásemos nuestro propio comportamiento para defender lo que hacíamos, pero muchos aprendimos que nuestras acciones no tenían justificación.

La conducta irracional se manifestaba de diversas maneras. ¿Qué sucede con el marido que deja los niños pequeños con una esposa alcohólica y se preocupa hasta más no poder por lo que podría suceder mientras él está en el trabajo? ¿O de una esposa tan temerosa de la violencia de su esposo que no hace nada por protegerse a sí misma o a sus hijos del comportamiento impredecible de su esposo? ¿O de alguien que deja a un hijo montarse en un automóvil conducido por uno de los padres mientras éste está bebiendo?

Piense también en aquellos de nosotros quienes hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para proteger a nuestros seres queridos alcohólicos de las consecuencias de la bebida. Ocultamos la adicción a parientes y amigos, mentimos a nuestros superiores, rogamos a los jueces y tratamos de crear un medio cómodo para que el alcohólico o la alcohólica no tuviesen que enfrentarse al hecho de haberse desmayado en el piso la noche anterior. Algunos estábamos tan confundidos que pensamos que si bebíamos con el alcohólico ellos tendrían entonces menos alcohol para beber.

En ocasiones, este tipo de acciones estaba motivada por las buenas intenciones; más a menudo, por la ira y la desilusión. Pero casi siempre encerraban la ilusión de que algo haría que el alcohólico dejase de beber. Lo único que teníamos que hacer, imaginábamos, era descifrar qué era ese “algo”. Aprendimos que incluso esa actitud estaba lejos de ser racional. Al reflexionar, teníamos que decidir si nuestros pensamientos, palabras y acciones eran los de una persona sensata y razonable. Si nos dábamos cuenta de que no lo eran, entonces buscábamos ayuda, el tipo de ayuda espiritual que brinda Al‑Anon.

Una vez que aprendimos a ver la realidad de nuestra situación, comprendimos por qué era necesario recurrir a un Poder superior a nosotros. Hubiese sido demasiado prematuro en esa etapa de nuestra experiencia en Al‑Anon esperar una confianza total en un Poder Superior, especialmente si pensábamos que teníamos total confianza en nosotros mismos. Quizá desechamos la idea de un Poder superior a nosotros o quizá creímos en Dios, pero nunca mantuvimos ningún contacto espiritual. La noción que teníamos  de ese Poder Superior posiblemente era la de un Dios que sólo castigaba. Aquellos que nos criamos con una fe religiosa, quizá orábamos para que algo transformara al bebedor en un ser humano normal y responsable.

En un inicio, muchos de nosotros solamente podíamos admitir que éramos incapaces de controlar lo que sucedía en nuestras vidas, pero con la ayuda y el apoyo de Al‑Anon, la confianza en un “Poder superior a nosotros”, a menudo llegaba en el momento oportuno. Esto significaba para nosotros una unión con una fuente infalible de seguridad y consuelo.

A pesar de que tuviésemos reveses y desilusiones, aprendimos a ver esas situaciones como etapas en nuestro crecimiento, como oportunidades para aprender lo que necesitábamos saber. Nos dieron una nueva perspectiva y nos prepararon para obtener soluciones que anteriormente no se nos hubiesen ocurrido. Aceptamos con aplomo desilusiones que a menudo no estaban relacionadas con el alcoholismo y así nos libramos de la fatiga emocional. Esto también demostró nuestra convicción de que, a la larga, las cosas se resolverían como era debido. Esto de ninguna manera significaba una tímida resignación, sino una percepción inteligente del hecho de que la vida nos traía experiencias, unas bienvenidas y otras no, pero todas ellas fuente de una perspectiva más profunda.

Como recién llegados llenos de angustia, pudimos haber venido a Al‑Anon decididos a hacer un cambio radical en nuestras vidas; por ejemplo, acudir a los tribunales, separarnos o divorciarnos. Otros miembros de Al‑Anon que se habían visto en esta encrucijada compartieron sus experiencias y nos señalaron que podría haber otras opciones. Como miembros de Al‑Anon, nunca nos aconsejamos  a hacer o dejar de hacer algo; y menos aún a los recién llegados, que todavía no se habían familiarizado lo suficiente con las ideas de Al‑Anon para saber que había otras alternativas. Descubrimos que si aconsejábamos a un miembro qué hacer, estábamos emitiendo juicios y tomando decisiones sin fundamento que afectaban la vida de los demás. Sin embargo, podíamos compartir nuestras experiencias y ofrecer cierta objetividad. A menudo, nuestro desprendimiento llevaba a los demás a adoptar decisiones razonables en vez de dejarse llevar por la emoción. Al ayudarnos a nosotros mismos, ayudábamos a los demás a recobrar el sano juicio; y así les resultaba más fácil tomar sus propias decisiones.

Reflexión

 Si decimos que “llegamos a creer”, estamos diciendo que nuestro pensamiento está avanzando, dejando atrás el Primer Paso, en el cual admitíamos que éramos incapaces.

Hemos llegado a creer que hay una vía para eliminar la confusión que hay en mi vida. Estos Pasos me ayudarán mientras aplico todos los demás.

Ahora, en el Segundo Paso, reconozco que hay un Poder superior a mí. Sé que mi voluntad y mi sabiduría humanas son limitadas y que hay muchísimas cosas que desconozco sobre mí mismo o sobre los demás, incluso sobre las personas más allegadas. Hay cosas que probablemente nunca sabré.

Si mis palabras y acciones están motivadas solamente por mis propios impulsos, algunos de los cuales son negativos, estos pueden causarme consecuencias perturbadoras. Cuando por fin me  he convencido de que mis problemas son demasiado difíciles para que yo pueda resolverlos por mi cuenta, a mi mente acude el pensamiento tranquilizador que me dice que no tengo que estar solo con los mismos si estoy dispuesto a aceptar la ayuda que me brinda un Poder Superior.

Un relato sobre el Segundo Paso

 Durante los primeros tres años que pasé en Al‑Anon, tuve problemas con el Segundo Paso. A pesar de que nuestras publicaciones  y algunos miembros de los grupos a los cuales asistía lo negaban, me daba la impresión de que se me quería hacer creer en una interpretación religiosa limitada de estos Pasos. No había perdido la fe en un Poder superior a mí, pero por generaciones, mis antecesores me habían alejado de la religión tradicional. Me preguntaba si para ser un buen miembro de Al‑Anon era necesario creer en Dios. La mayor parte del tiempo no decía nada, pero me preocupaban las implicaciones teológicas del Segundo Paso. En una reunión, un miembro antiguo del grupo dijo precisamente lo que yo necesitaba escuchar para sentirme cómodo con los Pasos de Al‑Anon en los cuales se menciona al Poder Superior o a “Dios según nuestro propio entendimiento de Él”.

“¿Por qué preocuparse por interpretaciones?”, dijo ella. “He llegado a la conclusión de que Al‑Anon me pone en contacto con la ayuda que necesito para llevar una vida más sana y apacible. ¿Por qué he de preocuparme tratando de definir el Poder que sé que está ahí? ‘Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio.’ Mantengámoslo simple. Los Pasos no son mandamientos; son un conjunto de principios que nos pueden conducir a un despertar espiritual y que describen las experiencias compartidas. Mientras yo sea parte de esas experiencias, no tengo por qué dejar que las palabras o las interpretaciones se interpongan en mi camino”.

Puesto que es muy importante que yo encuentre mi propio camino, también he tratado de respetar las creencias o las dudas  de los demás. Trato simplemente de compartir mi fortaleza sin intentar imponer mis creencias a nadie. Todos somos iguales, pero no idénticos.

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