Me sentí muy nerviosa cuando fui a mi primera reunión de Al-Anon. Lo último que quería hacer era entrar a una sala llena de extraños y contarles mis problemas personales. De alguna manera encontré valor para entrar a la sala, a pesar de que lo que en realidad quería hacer era salir corriendo para otro lado.

Una de las primeras cosas que escuché fue: “Ninguna situación es desesperada…” También escuché: No lo causé, no lo puedo controlar, y no puedo curar al alcohólico. Esas eran palabras que desesperadamente necesitaba escuchar porque creía que la bebida de mi hijo era culpa mía. Me sentía tonta cuando lloraba, pero nadie me juzgaba. De hecho, todo el mundo parecía entender mi dolor, a pesar de que yo no había dicho ninguna palabra. Nunca olvidaré el miembro de Al-Anon que se me acercó después de la reunión y me dijo: “Aquí estás a salvo”. Este es el lugar donde precisamente debes estar».

Por Karen D., Virginia
Al-Anon se enfrenta al alcoholismo 2016